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Las madres en Tapachula

Día 16. Tapachula, Chiapas. Las jornadas de cada día han dejado buenos resultados. La agenda de la caravana ha sido cubierta en un 90% sus actividades.

Tapachula ha sido escenario de nuevas esperanzas y encuentros inesperados los cuales dejan ver que esta frontera es un punto muy importante para los migrantes durante su tránsito por México, pues este lugar se ha convertido en una parada forzosa para los viajeros centroamericanos, y es también considerada tierra de nadie, “Aquí las personas extranjeras provenientes de Centroamérica son víctimas de violaciones a sus derechos humanos en calidad de migrantes” expresa Iris Villagra, representante de la delegación nicaragüense.

Por otro lado, el encuentro que inesperadamente se produjo al final de la jornada del día 15, entre Jorge Alberto Reyes y su madre Santos del Socorro Rojas, provenientes de Nicaragua, dejo ver que en muchos de los casos las personas que dejan de tener todo tipo de contacto con sus familiares, son generados por varias razones. Caso particular fue el de Jorge: “Tuve que dejar a mi esposa y cuatro hijos para encontrar un mejor futuro fuera de mi país, pero desde hace más de 9 años deje de comunicarme con mi familia”. Después del encuentro, él, explico que perdió el único número de telefónico que tenía para comunicarse, y no había regresado a su país ya que no cuenta con  papeles migratorios, (estos documentos se le han sido entregados el día de hoy).

 Uno de los motivos más frecuentes por el que los migrantes dejan de tener comunicación con su familia, se desarrolla a partir de que son víctimas del crimen organizado, o se vuelven parte de este. Durante su tránsito por la Republica no lograron pasar la frontera norteamericana y son deportados. Muchos de ellos han expresado la vergüenza que sería regresar a sus casas sin haber conseguido llegar a Estados Unidos, y  optan por establecerse en la frontera de Guatemala con México, después prefieren olvidar su lugar de origen y a las personas más allegadas a ello.

Por otra parte, el tema de trata de blancas es también una realidad por la que han tenido que atravesar cientos de mujeres. De la misma manera son privadas de su libertad, y cuando dejan de ser rentables son desaparecidas o ellas mismas optan por no volver a tener contacto de ningún tipo con su familia. El negocio de la prostitución ha obtenido buenos resultados económicos, por lo cual no se ha hecho nada por frenar esta situación, este crimen parece estar totalmente autorizado por las autoridades que gobiernan el estado– Expreso Ismael López Ocampo, corresponsal Nicaragüense.

La realidad a la que han sido expuesta las madres parce opacarles la mirada, el ambiente dentro de estas zonas es muy distinto al de sus lugares de origen. Para la mayoría, esta situación las hace tomar más fuerzas para seguir buscando a los suyos. Varias asociaciones se han solidarizado a la caravana y las acompañan durante todo el proceso, pero seguramente y en muchos de los casos no fue así con sus familiares desaparecidos, la mayoría de ellas se han convertido en activistas y desde su país se encuentran en lucha, pues su mayor ilusión es volver a  casa con sus desaparecidos, pero en el mayor de los casos tendrán que volver con las manos vacías.

Texto Diana Atenea

Madres Lloran en el Cementerio de Arriaga

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La hondureña Rosa Nelly Santos había sido la más fuerte de las 40 madres centroamericanas que desde el dos de diciembre buscan a sus hijos desaparecidos en México cuando intentaban llegar a Estados Unidos, pero este domingo se quebró a llorar en el cementerio municipal de Arriaga, Chiapas.
Cuando las madres estaban frente a un predio apartado en el cementerio, donde la municipalidad ha enterrado a los cadáveres de migrantes sin dueños, Santos no pudo contener el llanto.
–Están enterrados como perros no tienen ni una cruz, no sé qué es lo que hacen los cónsules por nuestros hermanos centroamericanos—dijo la madre centroamericana después de observar el sitio donde los migrantes centroamericanos son sepultados.
El sitio donde sepultan a los migrantes “sin dueño” no es más que un espacio donde crece la maleza. Los cuerpos han sido tirados en hoyos, no hay ni una cruz que identifique que ahí hay alguien sepultado.
Este domingo las madres colocaron flores encima del monte. Lloraron, se resisten a creer que sus seres queridos se encuentren sepultados en ese sitio.
No se sabe quiénes son los sepultados en dicho sitio. Sólo que fue un cadáver aparecido cerca de las vías del tren, otro que no fue reclamado en el hospital local, etc, han sido enterrados por las autoridades municipales.

Madres buscan a sus hijos en cárceles de Oaxaca

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La primera parada se realizó en el Cerezo de Tehuantepec. Al bajar del autobús, las madres se preparan para uno de los momentos más esperados de toda la caravana ya que Oaxaca es importante para muchas de ellas. De aquí fue de donde recibieron la última llamada de sus familiares. El calor es insoportable pero eso no es ningún impedimento para las madres centroamericanas, y se acomodan muy bien la fotografía de sus familiares desaparecidos, la cual han llevado colgada en su pecho durante más de 13 días.

Del otro lado del reclusorio se preparan a los siete internos centroamericanos, en sus ojos se refleja la incertidumbre, pues no saben quién irrumpe la vida que por muchos años han tenido que defender en este lugar en el que no dejan de ser extranjeros. Decenas de medios de comunicación alrededor de ellos, y después, al ingresar a las oficinas se explica el motivo de la visita de la caravana de madres centroamericanas, no hay reencuentros, pero se incrementan las esperanzas de todas las madres pues falta un reclusorio más por visitar.

Al llegar al penal de Juchitán de Zaragoza, las madres ingresan al área de población y levantan muy alto las fotografías de sus desaparecidos, con el fin de que alguien pueda reconocerlos y darles un poco de esperanzas, los internos las miran, pero no reconocen ningún rostro, ellas muy desesperadas siguen insistiendo, pues tal vez no las miraron bien. A lo lejos las lágrimas de Rosa María Gutiérrez comienzan a rodar, pues recibe noticias de su hijo al cual lleva más de once años sin ver, el interno Héctor procedente de Nicaragua, asegura que Nelson Gutiérrez  es su compadre y se encuentra recluido en el penal de Tapachula Chiapas, justo donde se dará fin a la caravana.

Por un momento los internos comparten las causas por las que se encuentran presos, ellos afirman que su delito más fuerte es el de no querer sufrir las miserias e inseguridad que día a día forman parte de su vida. Su destino es Estados Unidos, pero en su tránsito por México tuvieron que abandonar el sueño americano y empezar a luchar por sus vidas, pues durante su camino la mayoría de ellos tuvieron que sufrir de extorciones, golpes, secuestros, en el caso de las mujeres la violación es uno de los delitos más frecuentes y al final terminan recluidos o muertos en el peor de los casos.

Al final de la jornada del día 14, terminan las madres lanzando una de las consignas más representativas de toda la caravana “Los migrantes no somos ilegales, somos trabajadores internacionales”, en su mirada se nota el cansancio, pero por la mañana toman un fuerte suspiro para comenzar un nuevo día de búsqueda. 

Texto: Diana Adenea

Caravana de Madres visita Las Patronas

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Foto:Encarni Pindado

Amatlán de los Reyes 

Cuando dieron la primera bolsa de pan a un hombre hambriento hace 18 años, las hermanas Romero Vásquez no sabían que iban a convertirse en defensoras de los derechos humanos. Mucho menos pensaron que su historia sería escuchada por todo el mundo y que serían consideradas un ejemplo, una inspiración en medio de tiempos difíciles. Tampoco que recibirían una presea de las manos de un presidente, al que, en lugar de agradecerle, le reclamarían con valor. Norma Romero Vásquez es la líder de “Las Patronas”, un grupo de 14 mujeres que desde 1995 alimentan a los migrantes que pasan colgados del tren por el municipio de Amatlán de los Reyes, anclado en la zona cañera de Córdoba, Veracruz. Estas mujeres se despiertan temprano para preparar la comida con la que alimentan a quienes cruzan líneas imaginarias, llamadas también fronteras, en la búsqueda de una vida mejor. Siempre están trabajando: consiguiendo alimentos, preparándolos, llenando las bolsitas con arroz y frijoles o cualquier otro guiso para que los viajeros puedan transportar la comida con facilidad. Por eso, cuando acudió a la residencia oficial de Los Pinos para recibir el premio en derechos humanos más importante de México, Norma llevaba puesto el delantal rosa mexicano con el que trabaja cotidianamente. También lo traía puesto cuando llegó de la Ciudad de México a su casa, donde la esperaban impacientes las integrantes de la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos, quienes por tradición hacen cada año una parada en la casa de “Las Patronas” para agradecer las atenciones que ponen en los hijos de mujeres como ellas. Norma y las suyas siempre están listas para servir, siempre con los delantales puestos y los oídos alertas, esperando al tren que viene del sur. Al bajar del autobús, Norma mostró el diploma que la acredita como la ganadora del Premio Nacional de Derechos Humanos y sonrió por primera vez junto al documento de color amarillento. La aguerrida luchadora social no dejó escapar ningún gesto de satisfacción en el evento en el que le fue entregado el galardón, el cual encabezó el presidente Enrique Peña Nieto. Fue su forma de decir que el gobierno no está haciendo las cosas bien. “El mensaje que nosotros llevamos de derechos humanos es algo que todos debemos poner en práctica, a veces tenemos miedo de defender a otro ser humano y eso no está bien. “Sería bueno que se unieran más organizaciones, que se conformaran más equipos, que no tuvieran miedo, entre más gente sea, más rápido se va a generar un cambio, si la sociedad no lo empieza el gobierno no lo va a hacer”, dice Norma con seguridad. Eran más de 40 las mujeres con el corazón roto que aplaudieron con emoción la llegada de Norma y las otras patronas. Entre ellas su mamá, doña Leónidas, que con sus 76 años todavía corre hacia las vías cuando oye el llamado del tren. Algunas de las madres no conocían a las veracruzanas pero eso no impidió que se lanzaran a abrazarlas, pues las historias de mujeres que esperan la llegada del tren armadas con comida han sembrado una semilla de amor en el corazón de toda mujer centroamericana que vio a un hijo partir hacia el norte. “Queremos darles las gracias a ‘Las Patronas’ por haberle dado de comer a nuestros hijos, les queremos pedir que lo sigan haciendo pues son la esperanza de muchos migrantes que vienen agarrados del tren pensando en qué momento del viaje aparecerán ellas”, dice Carmen Cuaresma, quien hace tres años que no sabe nada de su hijo, Álvaro. Norma dice que el prestigioso premio no les trae más que nuevas y mayores responsabilidades. Ya los tiempos no son tranquilos como cuando sus hermanas Rosa y Bertha regalaron la primera bolsa de pan y la primera caja de leche. Pero pese al peligro no pueden detener su misión. “Ahora hay gente mala, pero no hacemos caso de lo que nos cuentan, nosotros tenemos que seguir, nosotros vamos parejo”, dice doña Leónidas, quien afirma que dará comida a los viajeros hasta que Dios diga. Aquella mañana de febrero, hace 18 años, las hermanas llegaron temerosas sin el pan y la leche que su mamá les había encargado. Creyeron que doña Leónidas las regañaría, pero desde ese día, sin ninguna excepción, “Las Patronas” han corrido al pie del tren para alimentar a los hijos de mujeres como Carmen Cuaresma. Ahí, en el fugaz instante en el que dos manos quedan unidas a través de una bolsa llena de comida está el cambio, dice Norma, quien no desea otra cosa más que su labor, a la que se dedica con tanto amor, ya no sea necesaria.
Ángel Ramos Imagen del Golfo

Tomasa Pacjoj Shen y la lengua de la música y la esperanza

Foto: Encarni Pindado

Foto: Encarni Pindado

Qajawal kuyula qamak
Xa xuj makun chuwachla tat
Sacha’la qamak qonojel

Jesucristo yala’ chaqe
Kikotemal chewe q’ij ri’
Rech nojim kujel pari k’ax
(Bix rech ri Mixa Pa k’iche’ tzij)

Perdona nuestros pecados
porque hemos pecado contra ti
perdona los pecados de todos

Jesucristo danos a nosotros
alegría en este día
para que nosotros salgamos en esta oscuridad
(cantos para la misa en idioma quiché)

Tomasa Pacjoj Shen y la lengua de la música y la esperanza

Tomasa Pacjoj Shen es del municipio de Chichicastenango, departamento del Quiché, Guatemala. Tiene 32 años y un hijo de siete, habla quiché y español, y viste ropa con bordados de una manufactura exquisita. Hemos platicado un buen rato sobre la diferencia de la comida de su lugar de origen y de México, y cuenta que en su tierra los tamales son de arroz. La primera vez que vino al país fue en la caravana de 2011 con el propósito de encontrar a su esposo Pedro Morales Gonzales de 27 años desaparecido en 2010. Al momento de comparar sus dos viajes por el territorio nacional, Tomasa reconoce que ahora hay más apoyo de los albergues, las organizaciones y las parroquias, para hospedar y alimentar a las madres en la ruta. Ella asegura que lo más importante en estos años es que ha perdido el miedo: “ahora siento que voy superando el miedo porque es necesario que una persona enfrente todo lo que le pasa en la vida. Estuve un buen tiempo muy mala, traumada y muy nerviosa, y gracias a dios como que lo voy superando”.

La desaparición de su esposo es un hecho que marcó su vida y la de su familia. Tomasa explica que tener un desaparecido significa estar en un estado de constante incertidumbre y sufrimiento, por eso tuvo que hablar con su familia y ver a una experta que diera seguimiento a su caso: “fui a pedir ayuda con una psicóloga y ella me trató, además mis padres me dijeron que tenía que luchar porque tengo un hijo. Si me muero quién se va a encargar de mi hijo”. La historia de Tomasa es un caso muy especial de empoderamiento y liderazgo. En su comunidad comenzó a organizar a las mujeres para sacarlas de sus casas y así desarrollar proyectos de emprendimiento social. El trabajo con sus compañeras poco a poco fueron convirtiéndola en una líder en Chichicastenango, especialmente, porque ella habla quiché, la lengua de su región y español, la lengua con la que siente que la miran y la toman en cuenta: “hay cosas que quiero decir en español pero se me van de la mente, pero yo puedo hablar en quiché. Lo que quiero decir es que ojalá que nos escuchen y nos entiendan como indígenas”.

Tomasa expresa con firmeza y confianza su deseo de estudiar derechos humanos para ayudar a las mujeres de su comunidad, especialmente, aquellas que no hablan español: “necesito estudiar para animarlas. Animo por todo lo que he visto en estas caravanas. A nosotras nos han rebajado el autoestima como mujeres y tenemos derecho de seguir adelante. No tengo estudios pero trato de hablar español y sacar eso que yo tengo que enfrentar. En esta caravana como que el fruto que llevo es que quiero estudiar”.

Escuchar a Tomasa nos obliga a pensar y sentir en dos lenguas en los instantes en que el español le resulta insuficiente, limitado y corto de imaginación. Cuando el español claudica, el quiché se revela con la palabra precisa: “así como le digo, hay palabras que uno quiere expresarse pero no salen por los nervios o porque uno no conoce bien el español. Con mi lengua eso no pasa”. El quiché de Tomasa me obliga a poner a prueba mi capacidad de interpretar sus gestos y diferentes movimientos corporales. Me extravío en lo que dice y entro en un estado de frustración, sin embargo, reconozco algo nuevo en su forma de hablar: la musicalidad, el ritmo y la dulzura del quiché. Me mira a los ojos y hace una transición al español para sorprenderme: “si usted quiere hablar en quiché es posible, no hay una cosa imposible, si quiere estudiar estudie, es necesario para que usted pueda hacer un trabajo con los indígenas porque muchos no hablan español”.

Termino la entrevista y pienso que para Tomasa y las madres de la caravana lo imposible las hace gritar, llorar e indignarse. Aceptar y subordinarse a lo imposible es legitimar el triunfo de la realidad y el fracaso del sueño, es resignarse al ascenso del desconsuelo y el derrocamiento de la esperanza. Tomasa ya no piensa en imposibles, quizá por eso el trauma por la desaparición de su esposo lo ha transformado en su fuerza interior.

Texto Raúl Diego Rivera Hernández

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Llegando al DF La caravana de madres salió de la ciudad de Irapuato a las 8:30 de la mañana con destino a Celaya, Guanajuato. A las 10 am fueron recibidas por los integrantes de la asociación civil Manos extendidas a … Sigue leyendo

La dignidad no puede ser encapsulada

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“¿Cree que podamos bajarnos?” se acercaron algunas madres a algunos de los organizadores de la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos “Emeteria Martínez” cuando se enteraron que la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara aún estaba siendo celebrada en la ciudad. Sabían que no estaba en la agenda pero no querían desaprovechar la oportunidad para redirigir algunos de los rayitos de los enormes reflectores de la FIL hacia su noble y sufrida causa.

Después de consultarlo con la escolta de la policía municipal que los acompañó por Jalisco, los organizadores decidieron salirse del protocolo y manifestarse en la explanada –una plaza pública- que se encuentra a las afueras de la Expo Guadalajara donde se lleva a cabo la FIL. La idea era aprovechar los ríos de gente que inundan año con año la feria con la esperanza de que las exigencias de las mujeres pudieran llegar a más oídos y para que más ojos pudieran ver las fotos que traían de sus familiares desaparecidos en territorio mexicano.

Uno esperaría que el público “culto” y, sobre todo, los jóvenes, que año con año van a empaparse de Literatura a la FIL serían los más empáticos y solidarios con la encomiable causa de 45 madres que, con su búsqueda, nos han dado clases maestras de dignidad, amor y valentía. Sin embargo, cuando menos lo esperamos ese México apático, xenófobo y clasista suele materializarse con violencia como si de un tornado de ladrillos se tratara. Esta vez tomó la forma, ya clásica, del “encapsulamiento” con el pretexto de que las madres bloqueaban el paso. En esta ocasión no hubo granaderos armados con escudos y toletes como hace un año a las afueras de la FIL y en el Zócalo capitalino para las manifestaciones del #1DMx. Esta vez fueron en su mayoría jóvenes de servicio social de la Universidad de Guadalajara los que estuvieron asignados a tareas de vigilancia y control como trabajo temporal o para sumarle horas a su servicio social.

El cerco que hicieron estos jóvenes con otros elementos de seguridad de la FIL alrededor de la manifestación no fue violento pero evitó que las madres pudieran mostrar sus fotografías a los transeúntes, e impidió que estos se pudieran acercar a platicar con ellas. En pocas palabras, evitaron el necesario encuentro con el Otro y la formación de un Nosotros tan necesario para poder empezar a buscar no sólo a sus hijos, sino a las decenas de miles de desaparecidos que aún nos siguen faltando de México a Nicaragua.

Quizás años atrás las mujeres se hubieran retirado rendidas y cabizbajas al autobús, pero no el sábado, no después de nueve caravanas, no después de cargar tanto dolor a cuestas. Esta vez contraatacaron de la mejor manera posible, con el cañón sonante de la dignidad. Me cuentan que algunas madres amenazaron a los jóvenes con abrazarlos, mientras otras les desearon que jamás en su vida fueran a sentir el dolor de una pérdida. Todo esto mientras fuera del círculo algunos transeúntes les tiraban dardos como “Váyanse a sus países a hacer relajo” o “Pónganse a trabajar”. Estos dardos ya no pueden lastimarlas. Su camino ha sido tan complicado que ya no sólo son las mujeres que lloran –que lo siguen haciendo y nosotros con ellas- sino son mujeres que luchan, que exigen. Este crecimiento personal y colectivo, aunado a los cuidados que les brindan los organizadores del Movimiento Migrante Mesoamericano, fueron la clave para que los que se cansaran fueran los encapsuladores.

Me comentaron que ante las consignas las caras de algunos jóvenes cambiaron. Imagino que la cara cambia cuando estamos ante un dilema ético. Si alguno de los jóvenes que participó en el encapsulamiento lee esta crónica, espero que se dé cuenta que el sábado un puñado de madres les dio una gran lección de vida. Si su aprendizaje hubiera sido inmediato hubieran roto el encapsulamiento como quien juega a “Doña Blanca y su pilar es de chocolate”. Desgraciadamente no fue así. Hubiera sido hermoso que los jóvenes que fueron parte del operativo les hubieran dado la espalda a sus superiores –a la liberación de su servicio social o al exiguo pago- y se hubieran unido a la manifestación de las madres. No es un sueño guajiro, los antimotines tailandeses lo hicieron hace algunas semanas. Es una cuestión de empatía y valor.

La caravana de madres cruza el Bajío

Foto: Victor Galindo

Foto: Victor Galindo


Guadalajara, Jalisco, domingo 8 de diciembre.

La caravana inició actividades a las nueve de la mañana en una ceremonia de despedida en las instalaciones del Instituto de Ciencias. Las madres tuvieron oportunidad de convivir con personal docente de la universidad, estudiantes y familias. Recibieron una cálida bienvenida con café y pan dulce, y después ocuparon sus asientos para participar en una misa en el colegio. El momento más emotivo de la mañana fue cuando los estudiantes regalaron flores a las madres como muestra de cariño, admiración y respeto por su lucha. Una vez concluida la ceremonia ofrecieron tamales, jugo de naranja y atole de guayaba. En el desayuno las madres dieron entrevistas a distintos medios de comunicación y platicaron con familias y profesores. A las 11 de la mañana subieron al autobús con destino a la ciudad de León, Guanajuato.

León, Guanajuato, domingo 8 de diciembre. La Red de Apoyo al Migrante del Bajío recibió a las madres en el centro histórico de la ciudad. Todas caminaron a la plaza principal con sus fotografías al cuello, pancartas, y banderas de Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México. Como ya es tradición, desplegaron las imágenes de sus familiares con la esperanza de que la gente los reconociera. En el evento, Martha Sánchez Soler, coordinadora de la caravana e integrante del Movimiento Migrante Mesoamericano, señaló la importancia de la visita al Bajío. Ella comentó que la migración centroamericana se ha desviado hacia la ruta del Pacífico porque la violencia en el Golfo está fuera de control y, en este contexto, el estado de Guanajuato es un lugar importante porque ahí se produce el cambio de vías del tren. Las madres también dieron su testimonio en la plaza central y denunciaron a las autoridades mexicanas por no apoyar en la búsqueda de sus familiares. Pidieron la solidaridad de la sociedad civil para localizar a sus desaparecidos y cada una explicó sus motivos para viajar a México. Al concluir el evento, las madres volvieron al autobús y a las 3:30 de la tarde se desplazaron a Irapuato.

Irapuato, Guanajuato, domingo 8 de diciembre. La recepción de la caravana fue organizada por la Casa del Migrante de Irapuato. Las madres comieron, algunas recibieron atención médica preventiva y otras aprovecharon la tarde para comunicarse con sus familiares en Centroamérica. Por la tarde se organizó una misa y al concluir se realizó una rueda de prensa. En el evento se hizo énfasis en la importancia de visibilizar la situación del migrante en México, la necesidad de concienciar a la ciudadanía sobre la discriminación y xenofobia en contra de centroamericanos en tránsito, y la prioridad de reconocer la situación extrema de marginación y vulnerabilidad que se vive al cruzar sin documentos por México. La jornada del día se cerró a las 8 y media de la noche y para mañana se espera que el autobús parta muy temprano rumbo a Celaya.

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Madres de migrantes protestan frente al FIL

Las 43 madres centroamericanas que hacen un recorrido por 15 estados de la república mexicana buscando a sus hijos desaparecidos, protestaron en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara para llamar la atención y exigir respuesta a las autoridades.

En la plaza pública, las madres expusieron las fotografías de sus hijos con el fin de despertar la solidaridad de los asistentes, mientras los jóvenes universitarios de servicio social, al mando de la seguridad pública del evento, encapsularon a las madres para tratar de impedir al público conocer esta realidad.

Para Marta Sánchez Soler, coordinadora del Movimiento Migrante Mesoamericano (MMM) la manifestación de las madres fue un acción de protesta ejemplar. Ellas demandaron con fervor al gobierno mexicano se responsabilice de las masacres a migrantes, las constantes muertes en las vías del tren, así como detener y juzgar a los criminales y a las autoridades coludidas con el crimen organizado, además exigieron se garantice un tránsito seguro para los migrantes en México.

Durante una hora y media las madres gritaron consignas y a pesar de las dificultades interpuestas por los organizadores del evento lograron despertaron la solidaridad de buena parte de los asistentes a la feria.

39 años después conoce a su hermana

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El cinco de diciembre Sonia León García no durmió en toda la noche. Soñaba con su hermana Nohemí Méndez Tovar. En la madrugada se despertó varias veces imaginando cómo sería, qué tendría que decirle. Todo lo que tendrían que platicar.

Las hermanas salvadoreñas se separaron cuando una tenía siete años y la otra nueve. Después de 39 años de no verse se reencontraron en Guadalajara, Jalisco, la noche del cinco de diciembre, luego de que el Movimiento Migrante Mesoamericano (MMM) encontrará a León García y facilitara el encuentro con su hermana mayor Méndez Tovar.

León García llegó a México después que murieron sus padres. Un tío se hizo cargo de ella, pero después la abandonó en Chiapas. De pequeña, pidió en las calles hasta que una familia mexicana la adoptó.

El MMM la ubicó en Guadalajara, Jalisco donde ahora vive y tiene dos hijos mexicanos. El encuentro fue muy emotivo. Las hermanas se abrazaron y lloraron.

“No me dejaste dormir. En toda la noche te pasé soñando” le dijo León García cuando abrazaba a su hermana.

León García dijo que no recordaba el rostro de su hermana porque cuando se separaron estaba muy pequeña. Méndez Tovar, en cambio, dijo que tenía intacto en su mente el rostro de su hermana pequeña.

El reencuentro de las hermanas, es el segundo de la novena caravana de madres de migrantes centroamericanos desaparecidos en México. El primero fue el de María Ávila, una hondureña de 77 años que se reencontró con su hijo José Armando Salgado, después de 19 años no verse.

La novena caravana tiene programado cuatro encuentros. Desde el pasado dos de diciembre 40 madres centroamericanas recorren 15 estados de la república mexicana, para buscar a sus hijos que se perdieron en México cuando intentaban llegar a Estados Unidos.

 
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Se reencuentra con su hijo después de 19 años

San Luis Potosí, 5 de diciembre de 2013.

María de los Ángeles de los Santos Ávila abrazó a su hijo por primera vez en 19 años este día. Doña María viajó en la Novena Caravana de Madres Centroamericanas en Busca de sus Migrantes Desaparecidos desde Tegucigalpa, Honduras.

Para emprender el viaje, Doña María, de 74 años de edad, no avisó a ningún miembro de su familia, simplemente tomó el bus con las madres hondureñas a las 5 a.m. el 30 de noviembre. Su familia no quería que ella viajara sola por su avanzada edad. Doña María fue armando su maleta a escondidas puesto que tuvo contacto telefónico con su hijo José Armando hace pocos meses.

El reencuentro se llevó a cabo en la Casa de la Caridad Hogar del Migrante de Cáritas en San Luis Potosí, hasta donde se trasladó José Armando Salgado, hijo de doña María, desde Matamoros, Tamaulipas, donde reside con su esposa y tres hijos.

José Armando salió de Honduras en 1994 con la esperanza de llegar a Estados Unidos. En el camino, se quedó trabajando en Matamoros y en 1996 tuvo contacto telefónico con su hermano menor que reside en Nueva York. Posteriormente, José Armando perdió contacto con su familia porque en Honduras cambió la numeración telefónica.

Cuando vio a su hijo, Doña María dijo que lo miraba y no podía creer que estaba viviendo el momento que tanto había anhelado. Doña María pudo entonces conocer a su nuera mexicana y una nieta. Doña María dijo sentirse muy feliz, sin cansancio ni sueño pues tiene muchos años que recuperar con su hijo.

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Palenque, donde la bestia se cubrió con denuncias y esperanzas

La caravana de madres de migrantes desaparecidos llegó a Palenque, el corazón del imperio Maya, donde miles de turistas pasan cada año para admirar los grandes templos prehispánicos, ajenos a los ojos de los migrantes centroamericanos que transitan por sus calles diariamente.

Hoy los sacrificios los hacen el crimen organizado, cuando los migrantes no tienen dinero para pagar la obligada cuota, que ellos demandan para subirse a los trenes.

Palenque se ha convertido en una zona altamente peligrosa de la ruta para los migrantes. Este año varios migrantes han sido tirados de los trenes en marcha, mujeres brutalmente violadas y otros han sido asesinados  o secuestrados en la ruta que va de Tenosique a Coatzacoalcos.

Rosa Nelly Santos, representante de las madres del Comité de Familiares de Migrantes de Progreso (COFAMIPRO) hizo declaraciones fuertes y contundentes al respecto: “el gobierno no tiene cojones para parar esta violencia, ya basta”.

La  plaza principal de Palenque se llenó de imágenes de migrantes desaparecidos. Luego de exponer sus fotografías, las madres caminaron sobre las vías del tren donde en algún momento alguno de sus hijos también caminaron.

En la estación de Palenque a las madres les estaba esperando un tren tapizado con fotografías a tamaño real, un trabajo colectivo realizado por varios fotógrafos de diferentes medios nacionales e independientes, entre los que estaba Jesús Villaseca como promotor del evento.

A través de este proyecto cultural, en apoyo a las madres de los migrantes desaparecidos se logró resaltar y visibilizar las dificultades  a las que se enfrentan los migrantes en la ruta hacia Estados Unidos. Entre éstas imágenes también se encontraban fotografías de caravanas pasadas, como la de Lidia Daniel, quien viaja por segunda vez en busca de su hija desaparecida.

Lidia es una madre guatemalteca que proviene de una apartada comunidad Maya en la zona norte del país, de donde ella y muchos de sus compatriotas se vieron obligados a emigrar a México huyendo de la brutal matanza que se estaba realizando contra su pueblo a principios del decenio de 1980. Después de varios años viviendo en un campo de refugiados en México, Lidia regresó a su país, con sus hijos, pero su hija nunca se adaptó por lo que decidió regresar a México donde lleva varios años desparecida.

 

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Comienza la novena caravana de madres de migrantes desaparecidos “Emeteria Martinez”

El Ceibo, Tabasco, 2 de diciembre de 2013.

Con mucha esperanza entró hoy a México la Novena Caravana de Madres Centroamericanas en busca de sus Hijos Migrantes Desaparecidos. Este año, la caravana está dedicada a Emeteria Martínez, madre hondureña que buscó durante décadas a su hija Ada Ortiz.

La caravana fue recibida en el puesto fronterizo de El Ceibo por el Movimiento Migrante Mesoamericano y Fray Tomás González, defensor de derechos humanos y director del albergue para migrantes “La 72” ubicado en Tenosique, Tabasco.

Las madres centroamericanas entraron caminando a México con las fotografías de sus familiares desaparecidos, banderas de sus países y pancartas que piden solidaridad y justicia para todos los migrantes en México. Desde Centroamérica viajan con la caravana las organizaciones mas importantes de búsqueda de migrantes desaparecidos como el Servicio Jesuita para Migrantes (SJM) de Nicaragua, el Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos del Progreso (Cofamipro) de Honduras, el Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos (Cofamide) de El Salvador y la Mesa Nacional para las Migraciones (Menamig) de Guatemala.

Tanto las madres como las organizaciones y el Movimiento Migrante Mesoamericano han hecho llamados a las autoridades y al pueblo mexicano para que ayuden a encontrar a los desaparecidos y hacer conciencia de la precariedad de las condiciones en que viajan los migrantes en México, así como de la alta vulnerabilidad a la que se enfrentan puesto que no pueden contar con visas que les permitirían resguardar sus vidas.

En Tenosique, la Caravana visitó el Albergue para Migrantes “La 72” nombre que conmemora el martirio de los 72 migrantes asesinados brutalmente hace 3 años en San Fernando, Tamaulipas. Siendo Tenosique uno de los principales puntos de entrada a México, este albergue recibe miles de migrantes anualmente, en condiciones de cansancio extremo, muchos de ellos habiendo sufrido robos y asaltos con violencia. Los migrantes hospedados en el albergue La 72 recibieron con cariñosos rótulos de paz, amor y esperanza para dar la bienvenida a las madres en su búsqueda.

Después de algunas horas, la Caravana realizó un acto público en el parque de Tenosique donde las madres brindaron testimonios de su peregrinar en caravanas anteriores y denunciaron públicamente la falta de interés que tiene los gobiernos con respecto a este tema.

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Emeteria Martínez, ícono de las Caravanas de Madres

En 1989 cuando Centroamérica se desangraba en guerras civiles, la hija de Emeteria Martínez, Ada Marlén Ortiz, partió de Honduras a los 17 años con el propósito de llegar a EE.UU.

21 Años después cuando México se encontraba –y aún se encuentra–  en la “Guerra contra el Narcotráfico”,  Emeteria encontró a su hija en las afueras del Distrito Federal.

Emeteria Martínez era una campesina centroamericana que no tuvo acceso a educación mínima básica.  Esto sin embargo, no fue obstáculo para que se convirtiera en la pionera de las caravanas de madres centroamericanas, que desde hace 13 años buscan a sus hijos desaparecidos en su tránsito por México.

Un programa de radio fue el promotor del empoderamiento de Emeteria Martínez. Bartolo Fuentes, conductor de  Sin Fronteras de Radio Progreso, la invitó a hablar en su programa. Desde entonces nadie calló su voz.

Ella reclamaba que los dos Estados, hondureño y mexicano, debían de colaborar en la búsqueda de los migrantes desaparecidos. Esta es la primera caravana que se hace sin Emeteria pues ella falleció en Diciembre de 2012 a los 74 años.

A pesar de haber encontrado a su hija, Emeteria siguió dirigiendo y participando en las siguientes caravanas. Se convirtió en líder y defensora de Derechos Humanos y en el proceso aprendió a leer y escribir.

Por todo esto, Emeteria es en un ejemplo para cientos de madres de migrantes centroamericanas, incluyendo  las 40 que desde este lunes 2 diciembre participan en la Novena Caravana de Madres Centroamericanas en busca de Migrantes Desaparecidos en México.

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