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Caravana de Madres visita Las Patronas

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Foto:Encarni Pindado

Amatlán de los Reyes 

Cuando dieron la primera bolsa de pan a un hombre hambriento hace 18 años, las hermanas Romero Vásquez no sabían que iban a convertirse en defensoras de los derechos humanos. Mucho menos pensaron que su historia sería escuchada por todo el mundo y que serían consideradas un ejemplo, una inspiración en medio de tiempos difíciles. Tampoco que recibirían una presea de las manos de un presidente, al que, en lugar de agradecerle, le reclamarían con valor. Norma Romero Vásquez es la líder de “Las Patronas”, un grupo de 14 mujeres que desde 1995 alimentan a los migrantes que pasan colgados del tren por el municipio de Amatlán de los Reyes, anclado en la zona cañera de Córdoba, Veracruz. Estas mujeres se despiertan temprano para preparar la comida con la que alimentan a quienes cruzan líneas imaginarias, llamadas también fronteras, en la búsqueda de una vida mejor. Siempre están trabajando: consiguiendo alimentos, preparándolos, llenando las bolsitas con arroz y frijoles o cualquier otro guiso para que los viajeros puedan transportar la comida con facilidad. Por eso, cuando acudió a la residencia oficial de Los Pinos para recibir el premio en derechos humanos más importante de México, Norma llevaba puesto el delantal rosa mexicano con el que trabaja cotidianamente. También lo traía puesto cuando llegó de la Ciudad de México a su casa, donde la esperaban impacientes las integrantes de la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos, quienes por tradición hacen cada año una parada en la casa de “Las Patronas” para agradecer las atenciones que ponen en los hijos de mujeres como ellas. Norma y las suyas siempre están listas para servir, siempre con los delantales puestos y los oídos alertas, esperando al tren que viene del sur. Al bajar del autobús, Norma mostró el diploma que la acredita como la ganadora del Premio Nacional de Derechos Humanos y sonrió por primera vez junto al documento de color amarillento. La aguerrida luchadora social no dejó escapar ningún gesto de satisfacción en el evento en el que le fue entregado el galardón, el cual encabezó el presidente Enrique Peña Nieto. Fue su forma de decir que el gobierno no está haciendo las cosas bien. “El mensaje que nosotros llevamos de derechos humanos es algo que todos debemos poner en práctica, a veces tenemos miedo de defender a otro ser humano y eso no está bien. “Sería bueno que se unieran más organizaciones, que se conformaran más equipos, que no tuvieran miedo, entre más gente sea, más rápido se va a generar un cambio, si la sociedad no lo empieza el gobierno no lo va a hacer”, dice Norma con seguridad. Eran más de 40 las mujeres con el corazón roto que aplaudieron con emoción la llegada de Norma y las otras patronas. Entre ellas su mamá, doña Leónidas, que con sus 76 años todavía corre hacia las vías cuando oye el llamado del tren. Algunas de las madres no conocían a las veracruzanas pero eso no impidió que se lanzaran a abrazarlas, pues las historias de mujeres que esperan la llegada del tren armadas con comida han sembrado una semilla de amor en el corazón de toda mujer centroamericana que vio a un hijo partir hacia el norte. “Queremos darles las gracias a ‘Las Patronas’ por haberle dado de comer a nuestros hijos, les queremos pedir que lo sigan haciendo pues son la esperanza de muchos migrantes que vienen agarrados del tren pensando en qué momento del viaje aparecerán ellas”, dice Carmen Cuaresma, quien hace tres años que no sabe nada de su hijo, Álvaro. Norma dice que el prestigioso premio no les trae más que nuevas y mayores responsabilidades. Ya los tiempos no son tranquilos como cuando sus hermanas Rosa y Bertha regalaron la primera bolsa de pan y la primera caja de leche. Pero pese al peligro no pueden detener su misión. “Ahora hay gente mala, pero no hacemos caso de lo que nos cuentan, nosotros tenemos que seguir, nosotros vamos parejo”, dice doña Leónidas, quien afirma que dará comida a los viajeros hasta que Dios diga. Aquella mañana de febrero, hace 18 años, las hermanas llegaron temerosas sin el pan y la leche que su mamá les había encargado. Creyeron que doña Leónidas las regañaría, pero desde ese día, sin ninguna excepción, “Las Patronas” han corrido al pie del tren para alimentar a los hijos de mujeres como Carmen Cuaresma. Ahí, en el fugaz instante en el que dos manos quedan unidas a través de una bolsa llena de comida está el cambio, dice Norma, quien no desea otra cosa más que su labor, a la que se dedica con tanto amor, ya no sea necesaria.
Ángel Ramos Imagen del Golfo

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